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Héctor Matías

El criterio para decidir qué automatizar primero con IA (y por qué la mayoría elige mal)

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La mayoría de empresas que arrancan con IA pierden los primeros tres meses automatizando lo que no toca. No es por falta de ideas. Al contrario: les sobran. El problema es que eligen el primer proceso con el criterio equivocado, y cuando el piloto no convence a nadie, el comité de dirección decide que “la IA todavía no está madura”.


La IA está madura. Lo que no está madura es la priorización.


Si has tenido una reunión de dos horas listando treinta procesos candidatos a automatizar y al final habéis salido sin decisión, este es exactamente el artículo que necesitas.


El error que comete casi todo comité al elegir el primer caso

El instinto natural es elegir el proceso más doloroso. El que más quejas genera. El cuello de botella más visible. Y casi siempre es la peor decisión posible para empezar.


Los procesos más dolorosos suelen ser dolorosos por una razón: son complejos, tienen muchas excepciones, dependen de varios sistemas, involucran a personas con criterio, o tocan datos sensibles. Empezar por ahí garantiza un piloto largo, caro y con resultado discutible. Y un piloto sin resultado claro es la mejor forma de quemar la confianza interna en la IA durante los siguientes dieciocho meses.


El primer proyecto de IA no se elige por su impacto teórico. Se elige por su capacidad de generar evidencia rápida y contundente.


Los cuatro ejes que tienes que cruzar antes de decidir

Cualquier proceso candidato a automatizar lo tienes que evaluar contra cuatro variables. No tres, no cinco. Cuatro. Y las cuatro tienen que dar una puntuación razonable, no solo una.


Eje uno: frecuencia. ¿Cuántas veces a la semana se ejecuta este proceso? Si la respuesta es menos de diez, descártalo para el primer proyecto. La IA brilla con volumen. Automatizar algo que pasa dos veces al mes te dará una historia bonita pero no un caso defendible ante el resto de la empresa.


Eje dos: variabilidad. ¿El proceso se ejecuta más o menos igual cada vez, o cada caso es distinto? Cuanto más estructurado y repetitivo, más fácil de automatizar bien. La variabilidad alta no impide usar IA, pero multiplica el coste y el tiempo de puesta en marcha. Para un primer proyecto, busca variabilidad baja.


Eje tres: criticidad del error. Si la IA se equivoca en este proceso, ¿qué pasa? Si la respuesta es “se manda un email mal” o “se categoriza una factura en la cuenta equivocada y un humano lo revisa antes del cierre”, adelante. Si la respuesta es “se firma un contrato erróneo” o “se rechaza una operación de un cliente”, el primer proyecto no es ese.


Eje cuatro: visibilidad del resultado. ¿Quién va a ver el cambio cuando funcione? Un proyecto que mejora un proceso interno que solo tres personas conocen no genera tracción cultural. Un proyecto que ahorra tiempo a un departamento entero o que mejora un indicador que mira el comité, sí. La visibilidad no es vanidad: es lo que financia los siguientes diez proyectos.


La matriz que sí te da una decisión en una hora

Coge los procesos candidatos. Diez como máximo. Más es ruido. Para cada uno, puntúa de uno a cinco en los cuatro ejes anteriores. Multiplica los cuatro valores. El que saque la puntuación más alta es tu primer candidato real.


Por qué multiplicar y no sumar: porque si un proceso saca cinco en frecuencia y uno en criticidad de error, no te interesa. La multiplicación castiga las debilidades y obliga a buscar procesos equilibrados. Sumar es lo que hace que aparezca en el top un proceso brillante en un eje y desastroso en otro.


Ejemplo real de una empresa de servicios profesionales con la que trabajé. Su matriz quedó así para los tres finalistas:


  • Generación de propuestas comerciales: frecuencia 3, variabilidad 2, criticidad 3, visibilidad 5. Total: 90.
  • Categorización automática de tickets de soporte: frecuencia 5, variabilidad 4, criticidad 4, visibilidad 4. Total: 320.
  • Resumen automático de actas de reunión: frecuencia 4, variabilidad 4, criticidad 5, visibilidad 3. Total: 240.

El instinto del comité decía “propuestas comerciales”, porque era el dolor más visible. La matriz dijo “categorización de tickets”. La matriz tenía razón. Tres meses después, el ahorro era medible, el equipo de soporte era el primer fan interno de la IA, y eso financió el siguiente piloto, que sí fue propuestas comerciales.


Las tres trampas que te van a desviar

Aunque uses la matriz, hay tres tentaciones que tienes que detectar antes de decidir.


Trampa uno: el proceso favorito del CEO. Casi todas las empresas tienen un proceso del que el fundador habla en cada reunión. “Si pudiéramos automatizar X, esto cambiaría”. Suele ser un proceso de baja frecuencia y alta complejidad. Si la matriz no lo elige, no lo elijas. Y prepárate para defender esa decisión.


Trampa dos: el proceso que vende mejor el proveedor. Todo proveedor de IA tiene un caso de uso estrella que enseña en la demo. Es brillante. También está optimizado para que se vea bien en una hora. Que un proveedor sepa hacer X no significa que X sea tu prioridad.


Trampa tres: la urgencia disfrazada de prioridad. Si esta semana el director comercial está agobiado con un tema, no significa que ese tema sea el primer proyecto de IA. La urgencia es un pésimo criterio de priorización estratégica. Resuelve la urgencia con manos. Decide la IA con la matriz.


Qué hacer una vez que tienes el ganador

Antes de empezar a montar nada, escribe en una sola página tres cosas: cómo es el proceso hoy, cómo va a ser cuando esté automatizado, y qué métrica concreta vas a mirar dentro de seis semanas para decir si funciona o no. Esa página la firmáis tú y el responsable del área. No para crear burocracia, sino para que dentro de seis semanas no se mueva el listón en mitad del partido.


Si no puedes definir la métrica de éxito en una frase, todavía no estás listo para automatizar ese proceso. Vuelve atrás y elige el segundo de la lista.


El primer proyecto no es el más importante. Es el más estratégico.

La diferencia entre las empresas que en doce meses tienen quince automatizaciones funcionando y las que siguen “evaluando proveedores” no está en el presupuesto ni en el talento técnico. Está en haber elegido bien el primer proyecto. Uno que dio resultado claro, rápido y visible. A partir de ahí, todo lo demás se vuelve más fácil de aprobar, de financiar y de defender.


Antes de la próxima reunión donde tengáis que decidir por dónde empezar, monta la matriz. Cuatro ejes, diez procesos como máximo, una hora. La decisión saldrá sola. Y lo que es más importante: saldrá defendible.